Por
Eduardo Buero
En toda nuestra gestión de cobranzas, nos tocan superar situaciones conflictivas con clientes conocidos y no conocidos.
Y allí radica el primer concepto importante a tener en cuenta,
son clientes y si les cobro, podría volver a venderle, o sea que tengo que
estar atento y otorgarle importancia a cada contacto. Manejar un cliente alterado
tiene que ver con cuestiones nuestras y con cuestiones del otro.
Básicamente tenemos que tener presente
lo importante de escuchar la queja, el problema, la incertidumbre, sin interrumpir,
propiciando que se descargue sin frenarlo ni decirle que se calme o que baje la voz.
Nunca discutir. El elevar la voz a un tono superior al cliente para que me escuche genera una bola de nieve
en donde ambos van a tratar de superar y se eleva demasiado el tono de la
conversación. Además, ninguno se escucha, ambos hablan al mismo tiempo, es
totalmente inútil para todos: para el deudor, para el cobrador y para la empresa
que represento.
Tampoco responder con ironías mediante
bocaditos de nafta hacia el fuego como “eso es problema suyo” o “el Banco
no le va a conseguir trabajo” o “no me grite que no soy su empleada”. Cuidado,
muérdase la lengua, cuente hasta diez y escuche atentamente para detectar
el momento propicio para retomar la negociación.
Resulta importante hacer comentarios
demostrando estar escuchando con atención como por ejemplo ..Ajamm...entiendo...
También comentarios de profundización del problema, a fin de mostrarme interesado
en lo que me esta relatando y así decirle ...por qué razón le parece que paso
eso?.....que obra social tiene?...y como esta la situación actual?......que
es lo que esperaba y no se cumplió?.....que espera como solución que le podamos
dar?......voy a averiguarlo inmediatamente...
Por supuesto que si la causa del
no cobro es por problemas de mi empresa le explicare que son dos temas distintos,
hay servicio técnico, hay posibilidad de reclamarlo en tiempo y forma, etc.
pero también tomo el reclamo y es imprescindible que exista un circuito de
resolución del problema interno y debería alguien ser responsable de hacerle
seguimiento del tramite a efectos de que yo mismo sea quien tenga al tanto
al cliente de la evolución y finalmente la respuesta favorable o no a lo solicitado.
Es importante ser yo el nexo porque
si se realiza desde otros sectores es muy posible que se comunique fríamente
tanto la buena como la mala noticia y el caso, por el reclamo inicial, merece
una explicación personalizada en ambas respuestas. Muchas veces el cliente
no espera lograr lo que pide pero si necesita y espera una respuesta. Quizás
sólo una disculpa. Algunas empresas, revierten su problema interno con una
atención, pero la factura se debe.
Además, debo tener especialmente
en cuenta escuchar lo que dice a fin de analizar el caso y hacer preguntas
y repreguntas, como por ejemplo ¿por qué me dice eso?, así justifica sus dichos
y puedo detectar mentiras o exageraciones. Nunca nos cuentan el problema en
forma objetiva. La única forma de descubrirlo es repreguntando.
Nunca debo estar pensando que responder
cuando me están hablando y tampoco debo pensar en otra cosa porque repetidamente
escucho lo mismo porque se nota. En nuestra expresión de los ojos y movimientos
faciales se nota y eso enoja mas al cliente.
Otra circunstancia vital que debo
prestarle atención es tratar de detectar que tipo de personalidad tiene el
otro. Muchas veces la persona que agrede verbalmente, que habla gritando,
que parece llevarse el mundo por delante, en realidad esconde una personalidad
insegura detrás de esa "pantalla sobresegura".
En este caso debo tratar que se sienta
bien y una forma es elogiarlo, demostrarle que es muy importante lo que esta
diciendo y que nos va a servir de mucho para poder mejorar el servicio de
todos los clientes, que ha sido muy hábil en percibir el inconveniente y será
muy útil la observación, que le agradecemos el reclamo porque si no tuviera
él la actitud segura de presentar la queja no nos hubiéramos enterado y no
habríamos tenido la oportunidad de solucionarlo, etc. En otros casos, elogiarle
la historia de cliente, la trayectoria, la importancia de su empresa en el
mercado, la calidad de servicio que tiene, en fin, logros que hagan sentirlo
seguro y que no tenga que desplegar su ataque con nosotros.
Hay que pensar muchas veces que el
hombre está frustrado porque no logra despegar a su empresa de la crisis y
además lo estamos llamando para cobrarle, entonces descarga su frustración
con el cobrador cuando el problema es otro.
Además, jamás es un tema personal
y no debo tomarlo como tal. Yo tengo que tener un termostato para no subir
más presión que la normal y tampoco estar frío y desatento.
Por ultimo, a veces nos ayuda el
silencio cuando nos están gritando. Solo unos segundos de espera para responder
luego de haber finalizado el reclamo genera sorpresa en el cliente porque
no se espera falta de reacción. Lo que espera precisamente es molestarnos
y si nosotros no solamente no discutimos sino que nos quedamos pensando, produce
inquietud en el otro y lo hace pensar si fue claro, si no fue demasiado agresivo,
o lo que sea pero nunca lo esperaba y por lo tanto comenzamos a dominar la
escena.
Allí, le hacemos una pregunta con
tono de voz normal y tranquila y seguimos adelante. Esta técnica del silencio
así como la indiferencia ante las barbaridades que dijo resulta muy adecuada
para atender los gritos telefónicos en donde hay mayor despliegue en la agresión
porque al no tenernos enfrente es como que los decibeles aumentan libremente
a niveles que si estuviera en persona quizás no se registrarían. Debemos tomar
conciencia que nosotros no podemos cambiar la personalidad del otro, pero
si podemos manejarla.
Para eso debemos conocer bien nuestro
producto o servicio, el detalle de la deuda, la historia del deudor y las
posibles objeciones o problemas y como responderlas para poder enfrentar las
situaciones habituales con seguridad y alertas para no entrar en el juego
del deudor.
Así entonces, no vamos a sentirnos
amilanados o disminuidos sino seguros que tenemos una respuesta precisa, directa
para todo.
En fin, todo lo necesario para cobrar
más y mejor, para atender a nuestro cliente y así lograr manejar la “crisis”
y dirigir la conversación hacia el arreglo del pago.
Todo para cobrar, pero también para volver a venderle nuestro producto.
Hasta la próxima.
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