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Reflexiones sobre el proceso burocrático de la Administración por objetivos
Por Maximiliano Korstanje*
¿Por qué no aplicar un
incentivo netamente material para incentivar al personal?
En mi experiencia en trabajos relacionados con la
sociología laboral nunca vi algo similar a los efectos que genera la aplicación
de un sistema de premios y castigos económicos. Paradójicamente, los
empresarios apuestan a esta clase de incentivos pensando en mejorar su
producción con respecto a años anteriores. Sin embargo, sucede todo lo
contrario.
Los integrantes de la empresa comienzan a
manifestarse disconformes cuando se les aplica alguna sanción que los
perjudique económicamente, aun cuando el sistema no involucre de ninguna forma
el sueldo básico.
En uno de mis incursiones en este tema, lo que más
me llamó la atención era que aquellos que más se quejaban sobre el sistema de
incentivos eran aquellos que más cobraban.
¿Sería algo similar a lo que observó el profesor Weber
cuando escribió la ética protestante?
Entre las entrevistas que me tocó hacer tuve la
posibilidad de hablar con casi cuarenta empleados en más de una ocasión.
Puntualmente lo que tenían todos en común era la
necesidad de compensar ese sistema de puntos con un sueldo al que no consideraban
justo en relación a la tarea que realizaban. De esa manera, el incentivo era
considerado un complemento del sueldo. Obviamente cualquiera que intentara
tocar ese premio se veía envuelto en una maraña de conflictos. La respuesta de
aquellos a los que se sancionaba quitándoles puntos era negativa casi en un
noventa por ciento.
Por otro lado, y lo que más me desconcertaba era
que los problemas de comunicación entre las áreas en cuestión empeoraban. Al
aumentar los errores, aumentaban las sanciones y eso retroalimentaba la cadena
aumentando la desconfianza, los conflictos y el mal humor.
Cuando un conflicto interpersonal
no puede ser resuelto entre uno u otro individuo pertenecientes a grupos
diferentes, cualesquiera sean sus causas, el individuo buscará automáticamente
el respaldo de su grupo de pertenencia. Si el individuo percibe el respaldo del
grupo afirmará las convicciones propias que llevaron al conflicto y lo
resolverá. Caso contrario, resolverá el conflicto de forma inversa afirmando las
convicciones de la otra parte y dirigiendo el conflicto hacia el grupo que le
negó su respaldo. Esa fue la primera idea que me vino a la cabeza cuando tuve
que sentarme a analizar el problema. Pues, parecía el problema ser más
profundo.
En realidad, a las conclusiones
que pude arribar fueron:
Ante variables del propio
individuo no satisfechas, cualquier aliciente suplementario genera una
disfunción en la percepción la cual genera se conciba como un todo orgánico al
aliciente básico primario fijo y el secundario variable. En dichas
circunstancias, cualquier variación o aspecto que modifique el aliciente
secundario tendrá como resultado una respuesta negativa ante el estímulo.
Cuando el aliciente económico no
tiene limitante natural, el conflicto actúa como agente de equilibrio entre la
ambición personal surgida del ambiente micro, y la limitación de recursos
derivada del ambiente macro. Ambas esferas: normativa y licencia vuelven a
encontrarse y es el conflicto quien mantiene sus fuerzas en equilibrio.
Asimismo en los casos en estudio, cuando se crea valor adicional la penalidad y
el aliciente parecen desencadenar un efecto cruzado inverso sobre el objeto de
aplicación. Por lo tanto podríamos decir que el sistema se relaciona con su
entorno mediante el estímulo en una forma inversamente proporcional bajo
ciertas condiciones. La relación estímulo- respuesta es indirecta. La
condicionante para que dicho fenómeno se cumpla es la aplicación de un estímulo
material. La suma de los elementos involucrados en esta teoría parecen explicar
las causas que generan las respuestas observadas.
En otras palabras, lo que
implícitamente estaba ante mis ojos era que el sujeto acude a la seguridad del
grupo en momentos en que el entorno le resulta inseguro, mientras que intenta
separarse del grupo cuando la sanción es colectiva. Este hallazgo ha sido
significativo en mi experiencia con esta clase de incentivos, por lo menos
después de haber encontrado resultados similares en otras organizaciones con
las que también estuve trabajando.
Finalmente, esto implica otra
hipótesis sobre el tema; ella es que el sujeto está orientado a observar a
quien se castiga y porque, sobre esas observaciones configura sus propias
estrategias y establece pactos temporarios orientados a cumplimentar los
intereses propios o de grupo según corresponda.
ALGO A SABER LOS CONCEPTOS DE MANDO Y DIRECCIÓN (UN CASO PRÁCTICO).
Cumpliendo con mis funciones como
asesor en una de las empresas en las cuales tuve el placer de trabajar, pude
observar un altercado entre el supervisor del departamento de logística y un
integrante del departamento de Maestranza. Tiempo después, hace dos días atrás
(para ser más exacto) fui testigo de otro altercado entre le Gerente de
Finanzas y otro integrante del mismo departamento.
Esto me llevó a pensar en la
posibilidad de que quizás, este último departamento (maestranza) tuviera
algunos problemas de relación con otras áreas por aspectos característicos que
hacían a los integrantes del sector. En dos casos, si la constante parecía ser
la misma, por lo menos ya teníamos identificada la variable sobre la cual
dirigir nuestra curiosidad.
Visto desde una posición de staff
o gerencial y siguiendo los propios prejuicios, era ciertamente posible que el
personal de maestranza no estuviera lo suficientemente entrenado para poder
entablar una conversación dentro de los mismos parámetros y códigos que demanda
un ejecutivo de finanzas o ventas. O quizás que esa diferencia de códigos
estuviera generando el corto.
No obstante, me parecía prematuro
poder sacar una conclusión de aquella situación sin haber revisado primero el organigrama
de la empresa, el cual podría darme un encuadre general sobre si esa
relación entre el sistema finanzas y maestranza era permitido o si directamente
el sistema maestranza tenía prohibido su comunicación directa con el sistema
finanzas.
Me acerqué a las oficinas del
gerente general a fin de solicitar el organigrama de la estructura. Aun cuando
la empresa tenía un organigrama formal, era claro que el personal de Maestranza
dependía directamente del gerente general y no debía dar explicaciones ni mucho
menos dar cuentas a cualquier otra gerencia que no fuera la General.
Bajo estas circunstancias el caso
daba un cambio de 180 grados. Era evidente, que tanto el Gerente de Finanzas
como aquel supervisor logístico habían transgredido una regla. La gente de
maestranza no tenía un jefe directo que los agrupara mas que el gerente general
de la firma. Y realmente como esté lo manifestó, no había necesidad de modificar
tal relación.
Muchas veces, los organigramas
cumplen con la función de diferenciar jerarquías orientadas a la concreción de
metas comunes. (especialización del trabajo). En sí, es lógico, que unidos por
un mismo objetivo central (producción), aquellos que forman parte de una
empresa establezcan canales comunicativos según la utilidad de cada uno hacia
la concreción del mismo. Bajo este razonamiento, las relaciones humanas están
supeditadas a la utilidad que puedan dar al objetivo institucional de la
empresa.
Pero desde un punto de vista
informal, también es muy cierto que, uno tiene la libertad de poder
relacionarse con quien desea y evitar a aquellos con los que no se establece un
buen ”raport”.
Existen casos, donde la relación
debe ser socialmente sancionada por considerarse disfuncional para el sistema,
y otros donde puede ser tolerada por ser considerada a-funcional. En los casos,
los cuales, sea vista como funcional será fomentada. Nuestra interpretación del
hecho era mucho más simple: ¿estaba el secreto en la utilidad propia percibida?.
Para el personal administrativo su
percepción de utilidad era mucho mayor en relación a su labor con respecto a
Maestranza.
Una semana más tarde, motivado por
mi curiosidad, tuve una entrevista de casi 40 minutos con los cuatro
integrantes del departamento de maestranza. Los temas eran muy variados, y
estaban relacionados tanto con asuntos laborales como con otros de interés
general.
A mi sorpresa, los entrevistados
demostraban el mismo grado de compromiso y entusiasmo tanto para casos donde el
tema central era el trabajo como para aquellos el tema tenía que ver con él,
como el partido de fútbol de la fecha anterior. Era evidente, que aunque no
reconocidos por la mayoría de sus pares, este grupo tenía una motivación tan
elevada como aquellos que ya habían recibido premios extra saláriales por la
excelencia en su labor.
Realmente, era sorprendente, como
un grupo sin reconocimiento de sus pares, sin objetivos cumplidos (mas que un
sueldo a fin de mes) demostraba un alta motivación.
¿Era yo capaz de volver a ver
todos los manuales y libros que había leído sobre recursos humanos y
administración durante los estudios en mi carrera de grado?. Todo parecía
indicar, que lo aprendido hasta el momento en temas de motivación y manejo de
personal nada tenían que ver con aquello que estaban observando mis ojos.
¿Es la diferencia de códigos en la
comunicación y la instrucción aquel que generaba estos conflictos?
Si bien hacia la misma pre noción
apuntaban los entrevistados en los sectores de mayor jerarquía, había que hacer
ciertos reparos en nuestro análisis. Uno de los entrevistados exclamó “los
de maestranza funcionan a los golpes como los de mecánica no se puede por
diferencias culturales entablar una comunicación civilizada con ellos”.
Fue entonces cuando dirigí mi
atención hacia el departamento de mecánica. En esa ocasión recuerdo haber
encontrado un nivel muy bajo de motivación. Según lo que pude averiguar esto se
debía a que los integrantes de este sector no habían podido cumplir ninguno de
sus objetivos mensuales y era uno de los departamentos que menos reconocimiento
de sus pares parecía tener.
Evidentemente el nivel de instrucción (per se) no
aparentaba ser el factor que generaba los choques Inter. departamentales.
Sin embargo, como comparando se
aprende, pude darme cuenta de un punto que los diferenciaba. El departamento de
Maestranza dependía directamente del Gerente General mientras que el de
Mecánica tenía en su organigrama por lo menos cinco sistemas superiores que lo
controlaban y lo condicionaban.
Para tal caso, podía pensar que a
menor control mayor motivación pero esto era relativo ya que el departamento de
logística demostraba un menor grado de control y una motivación mayor al resto
de los sectores. El control -o mejor dicho la capacidad de ejercerlo- tampoco
parecía ser la causa del problema que me pretendía estudiar.
El punto que diferenciaba a los
departamentos de Maestranza y a Mecánica era la frustración y los
mecanismos de adaptación a la misma. En el primer caso, había un alto nivel de
frustración pero se había podido nivelar mediante el vinculo con el individuo
más influyente de la estructura. Por otro lado, el segundo caso apartado de tal
beneficio no tenía mas que contentarse con los logros personales (concreción de
objetivos planteados).
Paradójicamente, el grupo más
dependiente por su falta de iniciativa estaba motivado al mismo nivel que aquel
que más independencia evidenciaba por la concreción de todos sus logros
departamentales. De esta forma, la concreción de metas no cumple una función
de cohesión sino de disgregación. En el sentido que la acumulación de méritos
separa al individuo de su grupo de referencia más cercano.
El fracaso al igual que el éxito
cumple una función dual, ya que por un lado diferencian empero por el otro
masifican.
Dentro de su ethos, tanto Pedro,
Raúl, Rodolfo y Adrián (maestranza) habían podido asimilar sus frustraciones
mediante una compensación simbólica. El hecho de estar próximos a la persona
que más influencia tenia en los destinos de todos, hacía mucho menos pesado el
hecho de no ser objetivamente reconocidos por su tarea.
Para tal caso, cualquier intento
por romper ese vínculo era respondido con una actitud hostil, finalizada por la
frase “Ud Señor por favor no debe darme ordenes, diríjase a mi jefe por
favor”, lo cual no sólo constituía una actitud totalmente asertiva sino que
además comunicaba en forma precisa y clara lo dispuesto en el organigrama
general.
Los departamentos de Finanzas y
Logística (que comparaba sus logros por sobre este departamento) juzgaban de
casi inútil la labor de los integrantes de maestranza y por tanto creían
tener la facultad de transgredir las normas estatutarias que prohibían su
contacto directo.
La concreción de objetivos no sólo
demuestra diferenciación del resto que ha fracasado sino también ejercicio de
poder y obediencia para con quienes se encuentran en una supuesta “inferioridad
de condiciones” por no haber cumplido.
La forma de nivelar esa presión
hace que los departamentos residuales sean aquellos que más cerca se ubiquen
(en relación vincular) de aquellos más estratégicos para la organización,
estructurando así una relación centrípeta.
Luego de esta experiencia real,
pude observar lo mismo en otros departamentos y empresas en las cuales me había
desempeñado. Claramente como lo había pensado, mis primeras intuiciones eran
meros prejuicios de clase.
Por otro lado, comprendí que para
nosotros es importante la valoración y el reconocimiento del otro, pero no es
menos cierto que también influye en forma significativa el valor simbólico que
ese otro tiene en nuestra forma de ver el mundo.
* Maximiliano Korstanje es Licenciado en Turismo
por la Universidad de Moron, Provincia de Buenos Aires, Argentina.
Idóneo en Turismo. Secretaria de Turismo de la
Nación Legajo 10280.
Magíster en Sociología por la Pontificia
Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, Argentina. (Cand.)
En la actualidad se desempeña como asesor técnico
de Ceo en la firma Hertz Argentina, empresa galardonada con el premio Bitácora
2006 a la mejor rentadora de autos de Argentina. (entregado por el periódico El
Mensajero Turístico).
AFILIACIÓN INSTITUCIONAL: Universidad Católica Argentina.
Email: maxikorstanje@hotmail.com
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