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Por Cesar D Gonzalez*
INTRODUCCIÓN
Mucho se habla de la necesidad de utilizar
apropiadas técnicas de ventas o de la habilidad del vendedor en derrumbar, una
a una, las distintas objeciones que el cliente nos hace durante el proceso de
ventas. Asimismo, nadie duda de la importancia de aplicar un cabal conocimiento
del producto o servicio a venderse, de conducir adecuadas estrategias en
materia de precio o de implementar efectivas fórmulas para cerrar la operación
comercial. ¿Pero cuánto se habla de “bonding” con el cliente? ¿Cuánta energía
se pone en práctica para llegar a interrelacionarse con el cliente en el
diálogo, de una forma que traspase el mero marco contractual que implica toda
operación de compra-venta?
El concepto de bonding con el cliente tiene un origen
con un perfil más holístico y globalizado, originado dentro del auge de la
teoría misma del customer relationship management (CRM). Sin embargo, las
presentes reflexiones, acotarán el margen de análisis y focalizarán
exclusivamente en la idea de bonding con el cliente potencial dentro del marco
del proceso de venta y en lo referente a la interacción especifica con aquel.
A los efectos ilustrativos se podrá decir que el
término bonding es utilizado en variados campos, aunque comúnmente se
encontrará este concepto en las relaciones entre madres y recién nacidos, en
adopciones, en cuestiones de ortodoncia e inclusive dentro de la ciencia del
derecho. Pero en función de este artículo, me limitaré a indicar que el bonding
implicaría una experiencia creadora de lazos de
amistad, confianza y compromiso, además de un apego particular y específico
entre dos personas.
Pero dicha definición, además, no alcanzaría
márgenes de eficiencia y efectividad si no se la considera desde el punto de
vista de las ventajas que conlleva ínsitas. Esas ventajas, son una necesidad
imperiosa en la actividad comercial de cada día. Es pensamiento de este autor,
que el bonding podría influir en forma positiva en una disminución de las
objeciones presentadas por el cliente potencial y asimismo, colaboraría en la
formación de un cliente más fiel y satisfecho con nuestros productos y o
servicios, con nuestra compañía y con nuestros vendedores y su servicio de
atención al cliente.
LA IDEA INICIAL DEL BONDING: UN
PROCESO INTEGRADO DENTRO DEL CRM
Ante todo, es necesario trazar cierto límite. El
proceso de venta es, a los efectos del presente trabajo, el mismo proceso que
se aplicaría para un modelo de venta directa, domiciliaria o a un call centre.
Por ello, la idea del resultado de una venta y sus pasos previos, se aplicará
por igual, sea el escenario que sea.
Una vez aclarado ello, es imprescindible establecer
cómo el bonding se incorporó al principio del customer relationship management
(CRM) o marketing relacional, teniendo en cuenta una visión más abarcativa que
la mera interacción “vendedor-cliente potencial”, contexto en que se focalizan
las ideas más adelante plasmadas.
Un antecedente de suma envergadura en materia de
bonding con el cliente ha sido el concepto planteado por Richard Cross a
principios de la década pasada. Cross, visualizó la idea del bonding como un
concepto más integral, compuesto por etapas y dentro de la lógica misma de un
apropiado modelo de CRM.
Cross (1992) hábilmente identificó cinco pasos o
grados los cuales implicaban una política de bonding con el cliente. El
mencionado autor indicó que “los cinco grados de bonding con el cliente, Conocimiento, Identidad, Relación, Comunidad y Abogacía, describen diferentes niveles de confianza e
interacción en nuestra relación con los mismos. Estos niveles pueden existir en
nuestro programa de marketing en forma independiente o en combinación y se
aplican muy bien por igual, si nosotros nos relacionamos con clientes, donantes
o votantes”
Esta concepción acompañó la idea de la incipiente
teoría del CRM que inundó las compañías estadounidenses en búsqueda de asegurar
un mayor volumen de clientes, retener los ya existentes y competir en el
mercado a través de estrategias de diferenciación en cuanto al trato y
valoración del mismo.
La citada innovación en la forma y metodología de
conducir las relaciones con el cliente, debe necesariamente integrarse con el
aspecto comunicativo, muchas veces no tenido muy en cuenta por las empresas en
su afán de vender más y más.
En este sentido es donde he imaginado la necesaria
construcción de un “puente” verbal entre el vendedor y el cliente potencial.
Dicho “puente” serviría como plataforma de lanzamiento al ofrecimiento del
producto o servicio en cuestión, debidamente posicionado, pues en definitiva y
como lo indicara Brian Tracy (1997) “El comprador potencial se forma un juicio
sobre el vendedor en los primeros cuatro segundos y trata de confirmarlo tan
pronto como éste abre la boca” (p.235). De la importancia de esa impresión y de
las ventajas que surgirían la aplicación apropiada de ciertos modismos, versan
los apartados siguientes.
POSIBLES ASPECTOS
AFECTIVOS/EMOCIONALES EN UNA COMPRA
El aspecto emocional en una venta juega un papel fundamental.
¿Cuánto vale una sonrisa sincera? ¿Un gesto amable? ¿Una pregunta discreta por
un hijo y sus estudios, un familiar enfermo o un viaje a un determinado lugar
de descanso?
D. Forbes Ley (1998) manifestó que “detrás de cada
necesidad lógica se oculta un deseo emocional. Si éste no existe, no habrá
venta. Para que se llegue a concretar una venta, es preciso que haya a la vez
un deseo emocional y una necesidad justificada” (p.21)
¿Por ello, por qué no otorgarle al cliente
potencial cierto márgen de conversación fuera de los límites del verdadero
motivo que reúne a las partes? El cliente potencial tendría cierto control
sobre diversos temas aleatorios y secundarios que “romperían el hielo” y
bajarían las autodefensas típicas y existentes dentro de un proceso venta. El
concepto de “customer empowerment” sería de útil aplicación en este caso. El
cliente potencial tendría un “poder controlado” por el vendedor, para expresar
ideas, anécdotas e información no necesariamente ligada a los intereses de la venta
en si, pero muy importante para la creación de aquel “puente” del que hablara
anteriormente.
La importancia de la concreción de venta, desde el
punto de vista emocional, también ha sido remarcada por Brian Tracy cuando
señalara que “todas las decisiones de compra poseen un componente emocional,
puesto que así son también las personas en todo aquello que realizan. Deciden
emocionalmente y se justifican en forma lógica” (p.208)
Todo ello se relaciona con el espíritu que para
comprar tiene, en principio, todo cliente potencial. Es decir, nadie intenta
pasar un mal momento al comprar, de lo contrario, no lo haría. El comprar es un
acto positivo, un acto que implica una acción determinada a saciar una
necesidad o fin especifico.
D. Forbes Ley (1998) ha dicho que “tantos en sus
empresas como en sus vidas privadas, los compradores quieren disfrutar al
comprar. Nadie desea verse metido en una situación de compra desagradable,
aunque sea la única oportunidad de comprar que hay. Todos queremos adquirir
cosas porque apelan a nuestro instinto de posesión, pero la compra tiene que
ser una actividad agradable” (p.49)
Asimismo, Juan Alfonso Durán ha remarcado que “la
venta es pues un comportamiento social, un comportamiento que se premia o se
castiga, que se acepta o se rechaza por otra persona. El rasgo esencial del
comportamiento social es que cada una de las dos personas en una interacción
cara a cara, influencia el comportamiento del otro” (p.7)
BONDING DENTRO DEL PROCESO DE
VENTAS
El proceso de ventas envuelve diferente etapas.
Dicho proceso, es un todo único dividido en pasos lo cuales deben concatenarse
entre si. El resultado esperado del proceso de ventas debe amalgamarse con la
idea de que el vendedor, debe vender. No existe otra posibilidad diferente de, independientemente
de la exactitud con que se siga el proceso de venta, se tenga que obtener la
venta como resultado final. No existe el día después y es una situación de cara
o cruz, blanco o negro: se vende o no se vende. No existen estadios intermedios
o relativos. He aquí que nos encontramos entonces con dos fuerzas opuestas que
coadyuvan a un mismo fin. El agradar al cliente potencial y el conseguir la
venta propiamente dicha. Jaime Moix subrayó que “al vendedor le conviene llevar
al cliente el convencimiento de que tiene en el a un verdadero colaborador y
que le ayudará en todo lo que sea necesario” (p.65). Tal convencimiento, se
retroalimenta con el bonding hacia el cliente.
Ahora bien, esta necesidad de llevar al cliente
potencial a un punto de agradabilidad y confianza, ¿cómo se articula dentro de
la dinámica y mucha veces rigidez, del proceso de venta?
Diferentes autores y escuelas de management en los
Estados Unidos difieren del número y terminología de cada etapa dentro del
proceso de ventas. Sin embargo, parece existir unánime acuerdo en que saludar
correctamente al cliente, escucharlo, averiguar sus necesidades, posicionar las
ventajas del ofrecimiento, introducir el precio, articular defensas a todo tipo
objeción, concluir la transacción y repasar las condiciones y montos
consensuados, son todas etapas esenciales que, con mayor o menor énfasis y
variación, encontramos en cualquier venta, sea la misma directa o indirecta,
domiciliaria o telefónica.
Pero entonces, ¿dónde se encuentra el énfasis del
bonding dentro del proceso de ventas? ¿En qué instancia del proceso de ventas
es necesario?
Alberto Moraba-Selles y José Verges Moncunill
(1986) han manifestado que no solo cada persona es diferente sino que también
cada persona es incluso diferente a si misma en diferentes momentos de su vida,
e incluso en un mismo momento están actuando en una misma persona facultades y
caracteres diferentes” (p.4)
Por ello, circunscribir la idea del bonding a una
etapa determinada dentro del proceso de ventas sería un error, implicaría
intentar tapar el sol con nuestro dedo pulgar y perder la oportunidad de
interactuar con nuestros clientes potenciales en forma agradable, sincera,
amistosa y profesional, a lo largo de todo el proceso, desde la salutación
inicial hasta la despedida, una vez concluida la transacción propiamente dicha.
El “puente” vinculante con el cliente potencial y
sus emociones debe mantenerse tendido en todo momento. El nombrado “puente” no
debe solo tenderse a los simples efectos de evitar objeciones y encontrar
niveles de rechazo o resistencia bajos, sino que es imprescindible porque desde
la misma óptica del cliente potencial, estaríamos en forma constante
considerándolo como tal, cuidando de cada detalle de la conversación y
preocupándonos por aspectos que van más allá de la mera consecución del
contrato escrito o tácito de compraventa.
La conversación completa debería entonces lidiar
con aspectos emocionales en los cuales el cliente potencial se encuentre a
gusto y ello influirá en el comportamiento final y en el resultado de la venta.
Brian Tracy añadió que “debido a que todas las decisiones de compra tienen un
componente emocional, una de las cosas más importantes que se pueden hacer en
las conversaciones de venta es determinar los factores emocionales que pueden,
probablemente, influir en el comportamiento del comprador potencial” (p.210).
De lo expuesto, no se hallaría más que ventajas
posibles que conducirían a un mayor número de ventas. Esto último no sería solo
en términos cuantitativos (mayor cantidad de ventas concretadas) sino también
desde un punto de vista cualitativo (un cliente potencial fiel y satisfecho con
nosotros)
Jack Mitchell (2004) agregó un interesante concepto
para graficar el sentido del bonding con el cliente, el cual ha denominado,
“abrazar” al cliente. Su pensamiento radica en la idea de que “los abrazos
implican tocar, escuchar y preocuparse por el cliente, acercarse tanto a éste,
que sea más importante que cualquier otra cosa. Con el tiempo, en una cultura
de abrazos, se desarrolla un relación personal y profesional única entre el
negocio y el cliente; es una lealtad construída basándose en la confianza”
(p.25).
Bonding, en el proceso de ventas, significaría en
definitiva abandonar modos de interacción robotizados e incorporar el “puente”
que citara antes o el “abrazo” que magistralmente nos indicara Jack Mitchell,
al conversar con nuestros clientes potenciales.
VENTAJAS DE LA VENTA DEBIDO AL
BONDING CON EL CLIENTE
Existe una ventaja inicial en el apropiado uso del
bonding durante la transacción comercial. Dicha ventaja no está relacionada con
la venta o transacción en si misma sino con la idea del trato amable entre
seres humanos durante cualquier coloquio o interacción. Una conversación
comercial, en función de una relación de compra y venta realizada con quien se
mantuvo una cordial y amable interacción, siempre deja un grado de satisfacción
distinta a otra signada por tensiones, dudas no aclaradas, desconfianzas
recíprocas e intolerancia. Esto hace a la propia esencia humana. En tal
sentido, no se pueden soslayar los conceptos de Brian Clegg (2001) cuando
indicara que “a modo de generalización, a las personas les gustan las personas.
Les gusta tratar con gente real. Sus relaciones se establecen con gente reales,
no con compañías; por ello, cuanto más sea posible convertir al equipo de
atención al cliente en personas reales, mejor” (p.7).
En suma, una venta realizada después de haber
disfrutado de un diálogo amigable, siempre nos dejará con una sonrisa y
satisfacción interna, con un buen sabor de boca y todo ello colaborará en
entusiasmarnos más y más y así lograr, a continuación, gratos momentos y
exitosas ventas
Establecido este preámbulo, caben entonces tratar
dos ventajas fundamentales que surgirían a través del uso constante del bonding
y dentro del proceso de ventas, a saber: a) Existiría una reducción de
Objeciones y Aumento de Posibilidad de Venta propiamente dicha; y b) Se
incrementaría la posibilidad de lograr un cliente leal a nosotros.
a) Reducción de Objeciones y
Aumento de Posibilidad de Venta
El proceso de ventas reconoce una etapa inevitable,
la introducción de objeciones por parte del posible comprador.
D. Forbes Ley (1998) ha manifestado que “la actitud
de rechazo que adoptan los clientes potenciales se debe casi siempre a que el
vendedor no ha sabido tratar de forma gratificante para ellos la imágen que los
clientes se han creado de si mismos (p.22)
En esa misma línea de análisis, Rafael
Muñiz González (2001) añadió que “la mayoría de las razones para
formular objeciones son de orígen emotivo, hay que tener en cuenta que,
generalmente, las personas muestran una vacilación natural a tomar una
decisión, casi siempre por miedo a comprometerse o a cometer un error
irreparable. Tratan de hallar el modo de justificar la compra o las razones
para negarse a comprar” (p.210)
Sin intención de profundizar en más consideraciones
sobre el orígen y naturaleza de las objeciones, es indudable que las mismas se
originan desde la falta cabal de un convencimiento en el comprador del producto
o servicio a adquirir y dicho mecanismo tiene un claro orígen emocional, al no
haberse construído, en forma eficiente, precisa y clara, el “puente”
comunicativo con el cliente potencial, a través del bonding, durante todo el proceso
de venta.
Por ejemplo, las objeciones derivadas del monto muy
elevado del producto o servicio ofrecido, la necesidad de consultar con otra
persona antes de comprar, la supuesta falta de tiempo para disfrutar de tal o
cual servicio, entre otras, son todas objeciones cuyos planteamientos podrían
llegar a ser neutralizados al sentirse el cliente cómodamente dialogando y
cambiando impresiones con el vendedor, el cual, a su vez, le genera confianza.
Brian Tracy indicó que “el antídoto a este escepticismo natural en cualquier
oferta de compra es la credibilidad y la solución es lograr que el cliente se
forje un concepto del vendedor persona totalmente digno de confianza. La
credibilidad es el factor más importante en cualquier decisión de compra (p.64)
Alberto Moraba-Selles y José Verges Moncunill
(1986) han subrayado que “la gente acepta mas fácilmente las ideas de personas
a quienes conocen y en quienes confían…Hay una correlación íntima entre el
deseo de una persona para aceptar nuevas ideas y lo bien que conoce o piensa de
la fuente de aquellas ideas” (p.113). Confianza, credibilidad y creencia en lo
que el vendedor expresa, son todos conceptos inherentes a la idea misma de
bonding con el cliente potencial y forman parte del núcleo esencial al que se
debe llegar en forma milimétrica, para alcanzar la ausencia o minimización de
las objeciones, la venta propiamente dicha como resultado final y la posterior
lealtad del cliente.
b) La Posibilidad de un Cliente
Leal a nosotros.
La otra ventaja, sin lugar a dudas, es la idea de
un cliente satisfecho con la atención dispensada. El cliente sentirá una
valoración como tal que va más allá de la mera percepción de que ha sido
tratado o tratada en forma correcta, pues deseamos la venta. Y ello radica en
la cuestión concreta, innegable e indiscutible de que “hacer las cosas bien” no
es lo mismo que “hacerlas en forma excelente”.
William Blevel, siguiendo los parámetros trazados
por Richard Cross a principios de los aňos noventa, subrayó que “cuando el
bonding ocurre, el cliente tiene una inversión en cuanto a su participación,
mantenimiento y perpetuación de la relación comercial”
Es así que la lealtad se traduce en la idea de que
el cliente seguiría adquiriendo nuestros servicios o productos basado en la
existencia de un compromiso tácito, no escrito, pero existente. En este caso,
la lealtad del cliente no sería una consecuencia del buen funcionamiento de lo
vendido, de su precio, conveniencia o rápida solución a una queja. El
compromiso del cliente derivaría del hecho que su interacción con nosotros ha
sido placentera, has traspasado en forma prudente y profesionalmente aceptable
los límites de la simple relación cliente-vendedor y ha incursionado en un terreno
que, sin llegar a ser personal, implicaría un intercambio emocional de suma
importancia. Cuando el vendedor haya realizado todo aquello, habrá conseguido
un importante logro y en tal sentido se ha pronunciado Javier González Recuenco
(2004) al decir que “el objetivo no es conseguir únicamente una transacción
aislada, sino ganar, mantener y conservar los clientes a lo largo del tiempo.
Pasando de una visión del intercambio como transacción puntual, al intercambio
como una relación duradera y continua de los clientes” (p.145).
El elemento subjetivo en consideración, la
fidelidad del cliente, es el resultado de un proceso de satisfacción a la
demanda planteada y, en dicho escenario, el haber establecido lazos que van más
allá de la mera transacción comercial, en los términos y alcances expuestos en
los puntos anteriores, habrá jugado un rol determinante. Con dicho proceso de
satisfacción, se crea confianza y en ello se genera un nuevo vínculo con el
cliente: el de su confianza hacia nosotros. Y como manifestara en tal sentido
González Recuenco (ibid) “la responsabilidad de todo recae fundamentalmente en
los vendedores, que deben cambiar sus parámetros habituales de gestión.
Sustituir el corto por el largo plazo, la invasión por la sugestión, y en general,
acceder a respetar los términos que garantizan la consecución del estado de
intimidad comercial” (p.17).
Sin lugar a dudas, los vendedores son los
principales portadores de la idea del bonding con el cliente. Son la voz y cara
visible de la empresa. Sin ellos, la concepción del bonding del cliente y la
completa implementación y puesta en marcha del CRM, tendría escaso sentido e
importancia.
CONCLUSIÓN
El Bonding con nuestros clientes potenciales es
crucial durante todo el proceso de ventas y ello es así debido a que ellos
tendrán emociones diversas, independientemente del raciocinio aplicado al
momento de comprar y que decidirán si adquieren o no adquieren nuestros
servicios y productos.
Por otra parte, todo hace indicar que un trato más
amigable y agradable con el cliente potencial, extendería puentes que
facilitarían el proceso de finalización de la venta, evitando o disminuyendo
sustancialmente las objeciones y con ello, las dudas y dificultades que a
menudo encuentran los vendedores cuando se arriba a dicha etapa del proceso de
ventas.
La fidelidad del cliente, una vez culminada la
transacción, es otro de los potenciales beneficios que se obtendrían. En tal
sentido, es indudable que con el buen trato y el afecto demostrado no alcanza
para conformar completamente a un cliente y obtener de el o ella su fidelidad
como tal hacia nosotros. Sin embargo, el aporte recibido a través de una
interacción con tales características, ayudaría y mucho.
Por todo lo expuesto resta decir que se ha
expresado en numerosas ocasiones la importancia que el cliente reviste en las
nuevas estrategias de management del nuevo milenio. La teoría del CRM fue
iniciadora de dicha política de cuidado constante del cliente y hoy en día se
multiplican los planes específicos para atender las demandas de los clientes
existentes, las practicas de retención de los mismos y gratificación constante.
Sin embargo, el bonding representaría, desde el inicio mismo de la relación
comercial, es decir, desde el primer contacto de nuestro potencial cliente con
nuestro vendedor, una excelente oportunidad para continuar plasmando en la
práctica los valores del CRM.
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Los 21 Secretos de la Venta: Principios para vendar
más, más rápido y más fácilmente. Ed: gestión 2000, S.A. 2003. Barcelona.
SOBRE EL AUTOR
Cesar González Achinelli, MBA
Master en Administración de Empresas
Especialista en Marketing - Cesar González Achinelli tiene 5 años de
experiencia en ventas y supervisión de personal llevando a su equipo de venta y
retención del cliente al primer lugar en productividad dentro de los Call Centers
de la firma Comcast Cable Communications, la mayor compañía de televisión e
Internet de banda ancha de los Estados Unidos.
- Actualmente
reside en España.
- Ostenta una Maestría en Administración de Empresas (MBA) obtenida en Texas A&M
University, una Especialización en Marketing obtenida en la Universidad de
California Los Angeles (UCLA) y numerosos cursos de Liderazgo y CRM realizados
en USA.
- Es Licenciado en Derecho graduado en Argentina.
Si desea enviar un email al autor, hágalo por medio
de la siguiente dirección:
cesardg2006@hotmail.com
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